viernes, 3 de agosto de 2012

Oración IV

Una vez Florencia te llamé a lo de tu abuela. Llamé y no te encontré (por suerte). Estaba ebria, lo suficientemente ebria para no poder hablar. Pero dejé mi nombre en el contestador. Luego de años me escribiste un mail para que nos reencontráramos todas las egresadas. Pero como sabrás yo me cambié antes de terminar. Me cambié para terminar en el anonimato de un colegio con compañeras que jamás me consideraron por nueva.

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