lunes, 30 de agosto de 2010

Hoy fuí al gimnacio

Remar, remar, remar.

Nunca pensé que mi vida iba a estar tan ligada al deporte.

jueves, 26 de agosto de 2010

Jueves

¿Qué quiero decir?
Algo innombrable,
aterrorizante.
Algo hermoso...

lunes, 23 de agosto de 2010

Hasta mañana

De vuelta del día la noche.
Y el día.
pero ahora... la noche
aquí.

A dormir...
y no quiero.
Me gustaría que fuera
una de esas noches
que no terminan más.
Que de tan lindas se hacen tan largas
que se saltean días.

A dormir Fernanda...

viernes, 20 de agosto de 2010

Me encanta cuando tu cara se pone roja

Poesía, poesía.
linda...
Tu cara está tan pintada... tan linda
que no te das cuenta de lo linda que es tu cara.

Cuando a la noche te vas a dormir
hay alguien que te busca debajo de las sábanas
para pintarte los ojos de rocío.
Para traspasarle gotas,
más gotas a tu nombre
que es cinco letras de agua y sal.

Acá por la ventana veo un río
y en el reflejo más naranja
ay...
qué linda que es tu cara.

Tu pelo naranja, negro y frío.
Debajo de tu pelo
hay zapitos teñidos de tu nombre
que hacen
crui crui
poesía.

En cada cosa verde está toda tu sonrisa.
En cada cosa celeste hay algo de vos.
No sabés lo linda que sos.

Nadie podrá encontrar las palabras para que dejes de llorar
y te convenzas de lo mágica que es tu presencia
para mí, para ella, para él y para dios.

Nunca dejarás de llorar
me lo dijiste varias veces.
En un tiempo quise insistir para que no seas tan tonta
pero ahora me doy cuenta
que la tonta era yo
al no entender que vos estás hecha de agua.
Qué sos el agua
que hay en mi, en el, en ella y en dios.
qué sos tan linda.

Que sin vos a las cosas ricas no les sentiría el sabor.
Ay...
qué linda que sos.
Preciosa...
más preciosa que las estrellas.
mucho mucho más.

Las estrellas ni existen si no te miran a la cara.
Ellas para ser hermosas deben rozar cada noche
el campo vaporoso de tu mirada.
Deben exponerse un micro instante a tu humedad
para encenderse
y darle ritmo
tiempo al universo luz.

Acá en el río también se reflejan las estrellas
justo encima de una comunidad de animales que hacen ruidos muy extraños.
Y el fuego y el agua forman una figura,
una sensación rarísima en mi corazón.

Todo este cuarto
con su vista panorámica
está encerrado en mi interior
bajo las cinco vueltas
de la llave de tu nombre
y no sabés...
no tenés ni idea...
las ganas que tengo de llorar.

Había una vez en una ranura...

Te voy a contar una historia. Otra historia más. Un deseo de cuento. Una historia cada vez menos real…
Érase una vez un chico muy rico que tenía mucho mal. El se encontraba solo y yo lloraba porque él tenía maldad y yo no tenía protección porque estaba poseída por la mala suerte. Mala suerte me tenía atada. Yo había nacido enroscada al palo de la mala suerte y cuando salí tuve un problema muy grave, que de adolescente pasó a ser dislexia de palabras y de mas grande dislexia de realidad. La mala suerte era horrible porque era todo lo que me ponía mal. No era una enfermedad común era mi enfermedad común amplificada. ¿Quieres que te hable más de esto? ¿Lo deseas con el corazón? Yo deseo contarte un cuento de muerte y suspenso pero no me sale, pero igual escribo porque no pierdo las esperanzas de poder hacerlo. Entonces ¿Quieres que te cuente de que se trata lo que me sale contarte?
Como un albino que no tiene protección del sol. Yo no tenía protección de la realidad. No había límites para la sensación. La inercia de cualquier cosa no tenía fondo en mí. Cualquier palabra era un sonido que se amplificaba hasta hacerme llorar. O era un significado que crecía hasta convertirse la felicidad en horror. La belleza me dolía porque no tenía fin. Nunca podía disfrutar porque el disfrute pasaba de largo hasta convertirse en obsesión. Si perdía 10 centavos éstos se multiplicaban en miles de pesos. En la cantidad de pesos que podría generar en toda mi vida. Vivía fundida. Vivía engañada, golpeada, perseguida, loca. Y toda la vida eran estados relativos porque yo era consiente de que eran locuras mías. Que no estaba fundida realmente aunque sentía como ya lo había perdido todo de una forma totalmente real. Entonces no estaba ni loca ni cuerda. Estaba en el limbo. ¿Escuchaste hablar de él? Condenada a vagar sin rumbo, sin tiempo. A flotar.
Cuando sentía lo bueno al ratito por amplificación se volvía malo. O cualquier partícula de tendencia negativa que se interpusiera entre lo bueno y yo embichaba lo bueno hasta volverlo deprimente, perverso. Como lo bueno se volvía malo, lo malo siempre me podía parecer que tenía su raíz en algo bueno. Todos decían “¡Es malo!” y yo agregaba “No, no es malo. Si mirás bien mas malo es lo bueno.”
No era inteligente. Era mental. Mi mente era abstracción, tan abstracta que necesitaba escribir y sellar un cuento que le diera sentido a mi vida. Sin cuento yo no tenía vida. Tampoco el cuento era cuento. Era mi vida. Yo no escribía cuentos. Escribía mi vida. Y a través del cuento escrito de mi vida podía contemplarme y conocerme. Podía conocer lo que me rodeaba. Entender algo. Poniéndole límites a la historia podía sobrevivir a la realidad descontrolada de las sensaciones. La fantasía era el único camino para vivir algún tipo de realidad.
La historia que les cuento sigue en otro cuento. En uno muy misterioso y escondido. Yo lo perdí, no pude encontrarlo. Lo escondí y siempre que escondo algo me olvido de dónde lo puse. ¡Una lástima! Realmente una lástima. Lo escondo tanto que tal vez ni siquiera lo escribí. Pero siento profundamente que está escondido adentro de la ranura de una pastilla color amarilla.



05

miércoles, 11 de agosto de 2010

Geometría de mi corazón

La inclinación

me lleva
y no sé si quiero salir.

domingo, 8 de agosto de 2010

Your love

http://www.youtube.com/watch?v=kup0BdoLzbg&feature=related

miércoles, 4 de agosto de 2010

Este blog

es mi chat.
Y me doy perfectamente cuenta
que no me conecta
con lo que deseo.

Piedritas en los zapatos

para poder llorar.

Piedritas que guardé
en una cajita en el fondo del placard.
Detrás de la imágen de una santa
a la que amaba
en la oscuridad.

Mi diario íntimo azul
tapado de stickers.
Mi cabeza tapada de diarios íntimos.
Nadie me veía llorar
porque guardaba las lágrimas en mis zapatos.

Piedritas y lágrimas
para la Vírgen niño Jesús!
En tus manos cerradas
mi corazón atropellado por una bicicleta.
Bajo tus pies...
el cielo
y yo.
Detrás de mi
la estela de miedo que me produce el oxígeno.

Tu vuelo ascendente y vertical
imparable
y mi necesidad de alcanzarte
de no perderte,
de estar en el campo táctil de tu manto.

Madre!
Diosa Jesús.
Señora!

Cuando cerraste tus manos
¿Tomaste arena mojada de la playa?
¿O eran tus ojos los que la mojaron?
¿O eras vos la que me hiciste llorar...
tanto, tanto, tanto?

Volver a llorar

Siempre volver a llorar.

Un circo en mi habitación

Se tiene que reír el pequeño gran payaso
si no quiere hacer llorar a los humanos,
niños, jóvenes y adultos.
Pero el payaso está triste
con toda la borla de papel crepe
que le rodea el cuello descolorida.
Manchando así su alegre traje de satín azul y amarillo.
No sé a dónde va
ni para qué salió.
Ni quién cuernos es
payaso de borla de papel crepe.
¿Quién puede mirarlo a los ojos
y no hecharse a llorar?
¿Quién puede decifrar la imagen
que hay tatuada en sus pupilas,
de la cual se desprende la catarata de su soledad?

No soy negativa

no tengo energía.

Voy a ver

si en algún momento del día de hoy
puedo escribir un poema
que me diga lo que me pasa.

martes, 3 de agosto de 2010

Autorretrato